martes, 27 de marzo de 2012

Otro Hebraica más

Usualmente las primeras carreras de la temporada sirven para medir la calidad de los entrenamientos y hacer las modificaciones necesarias, para fortalecer las debilidades y mantener las fortalezas. Este Domingo pasado, el Triatlón de Hebraica me sirvió exactamente para eso.
Al terminar una carrera trato de realizar una evaluación objetiva de todos los aspectos que entraron en juego para obtener cruzar la meta en el tiempo y la forma en que lo hice. Por eso siempre trato de dar todo lo que tengo durante la competencia. Aunque lo que tenga sea mucho menos de lo esperado y me sienta insatisfecho con la situación, acepto de igual forma lo bueno y lo malo, para así sacarle el máximo provecho.
Años atrás, en varias ocasiones cometí el error de retirarme al sentirme mal o conformarme con mi zona de confort, dándome excusas que me hacían aceptar el resultado. Esa opción siempre me dejaba un muy mal sabor y en seguida surgía la usual frase "Yo habría podido hacer mejor tiempo, pero...". Esa es la frase del eterno perdedor, porque así cruce la meta en primer lugar, él nunca estará satisfecho con sigo mismo. Así que desde hace tiempo doy todo lo que tengo en las carreras y cruzo la meta satisfecho por haber dado lo mejor de mi. 
Una vez contento con mi esfuerzo, sin importar el lugar ni el tiempo, trato de identificar que fue lo que hice mal. ¿En que me equivoqué?, ¿Que debo cambiar?. Lo que hice bien, se supone que lo hiciera de esa forma, pero modificar lo malo es la forma de mejorar.
La carrera del Domingo, como siempre, fue una carrera bastante dura. Por lo duro de la ruta, el triatlón de Hebraica te enfrenta con la realidad de tu forma física. Es necesario estar en forma entrenado en las 3 disciplinas. Si no estás preparado en el ciclismo adecuadamente, es imposible que corras bien, como en otras rutas con recorridos más amigables.
Después de hacer una carrera 14 veces uno piensa que lo tienes todo medido, pero resulta que el cuerpo cambia con el tiempo y si bien tu percepción es la misma, enfrentarte con la misma ruta cada año te trae experiencias distintas.
Este año sabía que venía preparado con lo mínimo necesario para ser competitivo y así fue. Comencé mi calentamiento una hora antes con una sesión de Trigger Point Therapy para acondicionar los músculos para el máximo esfuerzo. Luego corrí unos 10 minutos y realicé estiramientos dinámicos por otros 5 minutos más. Hice todo lo que pude para mantenerme enfocado, pero no se por qué, estaba más ansioso de lo usual y me costó concentrarme. Creo que inconcientemente sabía a que estaba por enfrentar.  Luego pude nadar unos 150 metros, pero sentí que el calentamiento fue insuficiente. A los 200 metros lo comprobé. Comencé a sentir las piernas pesadas y a sentirme asfixiado, sensación que fue cediendo poco a poco hasta faltar unos 300 metros para terminar la natación. 
En el carril de al lado tenía a Gilberto Lander, quien usualmente nada los 1000 mts alrededor de 13:30, tiempo que yo esperaba hacer también. Nadamos juntos los primeros 200 mts y luego me quedé unos 2 cuerpos atrás, pero estabilizamos el paso y al ver que no me sacaba más ventaja, me sentí tranquilo y mantuve el esfuerzo. Al salir del agua cuando me dijeron 14 minutos, me di cuenta que él tampoco estaba pasando por un buen día.

Corriendo hacia la bicicleta Isabella me gritó "a 40 segundos de Catu y Salva" y aunque esperaba estar mucho más cerca, salí a rodar con fuerza para buscarlos. 
Ya sobre la bicicleta salí la más rápido que pude hasta entrar en la Cota Mil. Ni siquiera me puse lo zapatos, sino hasta que ya estaba bajando hacia el Marqués. Entrando en la Cota me conseguí con Salvatore a un lado de la vía arreglando algo en su bici y apenas pasé, se montó y salió disparado como pocas veces he visto a alguien rodar en un triatlón. Cuando me pasó, pensé "Excelente, me voy con el hasta llegarle a Carlo y luego vemos que pasa". Fue imposible. No tenía nada en las piernas. 4 Kms más tarde ya había perdido 1 minuto más y me sentía incapaz de rodar a ritmo de carrera. No obstante busque el mejor ritmo que pudiera mantener y trate de recuperarme poco a poco. Nunca me llegué a sentir bien, pero al menos mantuve la diferencia con Carlo y con Guillen, quien venía persiguiendo con todo. Traté de bajar lo más rápido que pude, pero la velocidad no era nada especial, apenas suficiente para mantenerme en el 3er lugar. Al bajar de la cota un Autobús se atravesó en el medio de la vía y me obligó a frenar por completo, pero venía tan forzado que ni me percaté de que estaba perdiendo tiempo. Al final mi tiempo fue 1:03:18. Un minutos 45 segundos más lento que el año pasado, con mejores condiciones. No siento que fue un tiempo malo, pero lo hice solo con habilidad ciclística, aerodinámica y nada de fuerza.
Mi transición fue normal y en unos 30 segundo ya estaba corriendo. Al salir de la T2 vi a Guillén entrando y me di cuenta que tenía que correr fuerte, ya que él es un excelente corredor. Salí buscando mi mejor pasó, manteniendo una buena cadencia, de manera de poder responder si me agarraban y tener con que atacar a Carlo en caso de que lo pudiera alcanzar. Mis piernas estaban muy pesadas, pero llevaba un ritmo que consideraba aceptable, así que me mantuve positivo. Llegando al retorno vi a Catulini y me di cuenta que me había sacado unos 15 segundos más, así que, a menos que bajara el paso, no tenía con que llegarle en 5km. Guillén se había mantenido a 30 segundos, pero como ahora el terreno era bajando y estoy corriendo mejor que antes en bajada, me sentí relativamente tranquilo. Pasando el Km 7 me dieron el parcial y todavía eran más de 35 segundos. Llegando al km 8 comencé a sentir que el esfuerzo estaba sobrepasando mi capacidad para ese día y de pronto el esfuerzo era insostenible. Sabía que tenía que acelerar y traté con todas mis fuerzas, pero no había nada. En la última subida, antes de comenzar a bajar de la cota mil, me llegó Guillén, quien sin dudar me pasó de largo y aunque traté de correr con él, fue imposible. En 500 metros me sacó al menos 20 segundos y luego bajando lo vi muy lejos. No obstante seguí corriendo con todo lo que tenía. La carrera se acaba al cruzar la meta y no iba a dejarme ganar sin dar la pelea hasta el final. Una de las razones por las que compito en Triatlón profesional, es para tener la oportunidad de enfrentar pruebas que me exijan más de lo que yo mismo podría exigirle a mi cuerpo.
Por toda la ruta hubo mucha gente animándome, a quienes agradezco infinitamente. Es realmente increíble lo que ayuda el animó de los espectadores en la carrera. Esta vez no tuve la capacidad de voltear a ver a nadie ni agradecer o saludar ni una vez. 
Entrando al club había mucha gente y nuevamente me dieron bastante ánimo. Me imagino que me veía corriendo como en cámara lenta, pero mi esfuerzo era el máximo posible. Creo que en ese punto era más bien para terminar con la agonía que para hacer un buen tiempo. Menos mal que la llegada es en grama, porque al cruzar la meta solo pude tirarme en el suelo hasta recuperar mi respiración.

El tiempo final fue de 1:59:15. 4 minutos más lento que mi mejor tiempo en esa ruta y más de 7 minutos detrás de Salvatore, a quien por cierto felicito por haber logrado un nuevo record para la ruta. 
Fue sin duda un resultado muy lejos de mi capacidad y muy lejos de lo que esperaba hace un par de meses, pero estoy satisfecho porque di lo mejor de mi durante esas 2  horas de competencia.
Cuando la constancia en el entrenamiento es al 70% no puedo esperar resultados mayores al 70% de mi capacidad, pero siempre puedo entregar todo lo que tengo y salir con la frente en alto dando gracias a Dios por darme la oportunidad, la salud y la fuerza para cruzar la meta una vez más.
Gracias a Dios, a mis padres, a mi esposa, a mi entrenador y a todos lo que de una forma u otra contribuyen con mis logros deportivos.

Fotos Cortesía de Alejandra Fernández